Una experiencia artística implica para la persona una revisión de los significados de la vida misma, lo que somos, lo que hemos dejado de ser, hacia donde nos queremos proyectar sin ocultar o disimular los verdaderos sentimientos. Es un proceso que involucra; conocimientos, aprendizajes, conflictos y pensamientos que amenazan, deseos que se anhelan, experimentos que se ensayan, riesgos que se asumen para lograr un proceso creativo de expansión de la conciencia que muestra un modo particular de interpretar las cosas. Un contraste como hielo delgado, tan delgado que también quema.  

Cuando se canta, se baila o se dibuja, también se está verbalizando un discurso que permite comunicar la complejidad de las vicisitudes de la vida, a la vez que exteriorizar comportamientos que, si son expresados con espontaneidad, entusiasmo y sin temor, permite materializar y desarrollar el potencial que todos tenemos como artistas. Por eso Octavio Paz dice: “el hombre se comunica consigo mismo, se descubre y se inventa, por medio del arte”.  

Pero el arte además es una manifestación que combina disciplinas, técnicas, métodos procedimientos complejos, exigentes, formando un añadido que a la vez se funde con los sentimientos del artista en unidad que a su vez se vuelve un conjunto de unidades que constituye la obra de arte. Para que la ruta, la evolución no sea tan larga y oscura, es mejor acompañarse con las experiencias transmitidas por los buenos maestros.

Autor: Roberto Valecillos – Director de Teatro.

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